Friday, October 24, 2008

The Manhattan Project, the Apollo Program, and Federal Energy Technology R&D Programs: A Comparative Analysis

en español abajo


Congressional Research Service Report to Congress. Sep. 24, 2008.

Some policymakers have concluded that the energy challenges facing the United States are so critical that a concentrated investment in energy research and development (R&D) should be undertaken. The Manhattan project, which produced the atomic bomb, and the Apollo program, which landed American men on the moon, have been cited as examples of the success such R&D investments can yield. Investment in federal energy technology R&D programs of the 1970s, in response to two energy crises, have generally been viewed as less successful than the earlier two efforts. This report compares and contrasts the three initiatives. In 2007 dollars, the cumulative cost of the Manhattan project over 5 fiscal years was approximately $21 billion; of the Apollo program over 14 fiscal years, approximately $96 billion; of post-oil shock energy R&D efforts over 35 fiscal years, $115 billion. A measure of the nation's commitments to the programs is their relative shares of the federal outlays during the years of peak funding: for the Manhattan program, the peak year funding was 1% of federal outlays; for the Apollo program, 2.2%; and for energy technology R&D programs, 0.5%. Another measure of the commitment is their relative shares of the nation's gross domestic product (GDP) during the peak years of funding: for the Manhattan project and the Apollo program, the peak year funding reached 0.4% of GDP, and for the energy technology R&D programs, 0.1%. Besides funding, several criteria might be used to compare these three initiatives including perception of the program or threat, goal clarity, and the customer of the technology being developed. By these criteria, while the Manhattan project and the Apollo program may provide some useful analogies for thinking about an energy technology R&D initiative, there are fundamental differences between the forces that drove these historical R&D success stories and the forces driving energy technology R&D today. Critical differences include (1) the ability to transform the program or threat into a concrete goal, and (2) the use to which the technology would be put. On the issue of goal setting, for the Manhattan project, the response to the threat of enemy development of a nuclear bomb was the goal to construct a bomb; for the Apollo program, the threat of Soviet space dominance was translated into a specific goal of landing on the moon. For energy, the response to the problems of insecure oil sources and high prices has resulted in multiple, sometimes conflicting, goals. Regarding use, both the Manhattan project and the Apollo program goals pointed to technologies primarily for governmental use with little concern about their environmental impact; for energy, in contrast, the hoped-for outcome depends on commercial viability and mitigation of environmental impacts from energy use. Although the Manhattan project and the Apollo program may provide some useful analogies for funding, these differences may limit their utility regarding energy policy. Rather, energy technology R&D has been driven by at least three not always commensurate goals -- resource and technological diversity, commercial viability, and environmental protection -- which were not goals of the historical programs.


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El Proyecto Manhattan, el Programa Apollo, y los Programas Federales de I+D de los Estados Unidos en Tecnoloías Energéticas: Un Análisis Comparativo.

Informe al Congreso de los Estados Unidos del Congressional Research Service. 24 de septiembre de 2008.

Algunos políticos han concluido que los desafíos energéticos estadounidenses son tan críticos que hay que abordar una inversión concentrada en investigación y desarrollo de tecnologías energéticas. El proyecto Manhattan, que produjo la bomba atómica, y el programa Apolo, que llevó a los estadounidenses la luna, se han citado como ejemplos del éxito que pueden producir este tipo de inversiones en I+D. La inversión en programas federales de I+D en tecnologías de la energía de los años setenta, en respuesta a las dos crisis energéticas, se ha contemplado generalmente como de menor éxito que estos dos esfuerzos anteriores. Este informe compara y contrasta las tres iniciativas. En dólares de 2007, el coste acumulado del proyecto Manhattan a lo largo de 5 ejercicios económicos fue aproximadamente de 21.000 millones de dólares; el programa Apolo acumuló a lo largo de 14 ejercicios fiscales, aproximadamente 96.000 millones de dólares; los esfuerzos en I+D en de energía tras la crisis del petróleo ha acumulado a lo largo de 35 ejercicios fiscales, 115.000 millones de dólares. Una medida de los compromisos de los Estados Unidos con estos programas la dan los desembolsos federales relativos durante los años de máxima financiación: para el programa Manhattan, la financiación máxima anual fue el 1% de los desembolsos federales; para el programa de Apolo, 2,2%; y para los programas de I+D en tecnología energéticas, 0,5%. Otra medida del compromiso son las aportaciones en relación con el producto interior bruto de los Estados Unidos durante los años de mayor financiación: para el proyecto Manhattan y el programa Apolo, el año de mayor financiación se alcanzó 0,4% del PIB, mientras que para los programas de I+D en tecnologías energéticas representó el 0,1%. Además de la financiación, se podrían utilizar varios criterios para comparar estas tres iniciativas como la percepción del programa ante una amenaza, la claridad del objetivo, y el cliente de la tecnología que se desarrolla. Aunque estos criterios, mientras el proyecto Manhattan y el programa Apolo pueden proporcionar algunas analogías útiles para pensar en una iniciativa sobre I+D en tecnologías de la energía, hay que tener en cuenta diferencias fundamentales entre las fuerzas que movieron a estos éxitos históricos de I+D y las fuerzas que hoy mueven a la I+D en tecnologías energéticas. Entre las diferencias críticas tenemos (1) la capacidad de transformar el programa o la amenaza en un objetivo concreto, y (2) el uso a que hace de la tecnología. Sobre el asunto de la fijación del objetivo, en el proyecto Manhattan, el objetivo fue construir una bomba para dar respuesta a la amenaza del desarrollo por el enemigo de una bomba nuclear; en el programa Apolo, la amenaza de dominación soviética del espacio se tradujo en un objetivo específico de poner el pie en la luna. Para la energía, la respuesta a los problemas de las fuentes inseguras de petróleo y de los precios altos ha tenido como resultado múltiples, y a veces contradictorios, objetivos. Con respecto al uso de la tecnología, tanto los objetivos del proyecto Manhattan como los del programa Apolo apuntaron a tecnologías principalmente para uso gubernamental con poca atención a su impacto ambiental; mientras que para la energía, en contraste, el resultado esperado de las tecnologías depende de su viabilidad comercial y de la mitigación de los impactos ambientales del uso de la energía. Aunque el proyecto Manhattan y el programa Apolo puedan proporcionar algunas analogías útiles para la financiación, estas diferencias pueden limitar su utilidad con respecto a la política energética. En cambio, la I+D en tecnologías de la energía se ha movido por lo menos por tres objetivos no siempre mensurables -- la diversidad tecnológica y de recursos, la viabilidad comercial, y la protección ambiental -- que no fueron los objetivos de los programas históricos.

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